Collar de perlas barrocas de agua dulce

Perlas: tipos, cómo reconocer una buena y cómo cuidarlas

Las perlas son la joya más asociada a la elegancia clásica, y también una de las peor entendidas. Hay mucha confusión entre perlas naturales, cultivadas y de imitación, y sobre cómo cuidarlas. Vamos por partes.

Natural, cultivada o sintética

Perla natural. Se forma sin ninguna intervención humana, cuando un cuerpo extraño entra en el molusco. Son extraordinariamente raras y caras. Prácticamente todas las que se ven hoy en el mercado están en subastas o en joyería antigua.

Perla cultivada. Es una perla auténtica: la produce el molusco exactamente igual, con las mismas capas de nácar. La única diferencia es que el núcleo se introduce de forma controlada. Es lo que encontrarás en cualquier joyería seria, y no tiene nada de sucedáneo.

Perla sintética o de imitación. No es una perla: es una bolita de vidrio o plástico recubierta. Puede ser bonita y económica, pero no tiene nada que ver ni en tacto ni en durabilidad.

Un truco clásico para distinguirlas: la perla auténtica, cultivada o natural, resulta ligeramente áspera al pasarla suavemente por el borde de un diente, mientras que la de imitación se nota completamente lisa. También pesa más y está fría al tacto al principio.

Tipos de perla cultivada

Akoya. Las clásicas japonesas, redondas, blancas y muy brillantes. Son las del collar de perlas de toda la vida.

De agua dulce. Cultivadas en ríos y lagos, sobre todo en China. Más asequibles y con más variedad de formas y tonos. La relación calidad-precio es excelente y hoy alcanzan calidades muy buenas.

De los Mares del Sur. Las de mayor tamaño, en tonos blancos y dorados. Las más caras.

Tahití. Las llamadas perlas negras, con reflejos verdosos, grises o berenjena. Muy características.

Barrocas. No es un origen sino una forma: perlas de silueta irregular. Cada una es distinta, y precisamente por eso tienen un aire contemporáneo que gusta mucho ahora.

Qué hace que una perla sea buena

Cinco factores determinan su calidad:

Lustre. El más importante. Es la intensidad del brillo y la nitidez con que se refleja la luz. Una perla de buen lustre parece iluminada desde dentro; una de lustre pobre se ve lechosa y apagada.

Superficie. Cuantas menos marcas, manchas o irregularidades, mejor.

Forma. La esfera perfecta es la más valorada en perlas clásicas, aunque las barrocas se aprecian por su singularidad.

Tamaño. A mayor diámetro, mayor precio, y la subida no es proporcional.

Color. Es cuestión de gusto, pero el tono y sus reflejos influyen en el precio.

Si tienes que elegir entre una perla grande de lustre mediocre y una más pequeña con un lustre excelente, quédate siempre con el lustre. Es lo que se ve.

Cuidados: son más delicadas de lo que parece

Las perlas son orgánicas y blandas, lo que las hace mucho más frágiles que cualquier gema. Estas reglas alargan su vida décadas:

Ponte las perlas las últimas. Después del perfume, la laca, la crema y el maquillaje. Los productos cosméticos atacan el nácar.

No las mojes. Nada de ducha, piscina ni mar. Y nunca las limpies con líquidos limpiajoyas ni con ultrasonidos: los destrozan.

Límpialas con un paño suave y húmedo después de cada uso, para retirar los restos de sudor, y déjalas secar antes de guardarlas.

Guárdalas aparte, en una bolsita de tela, no amontonadas con otras joyas que puedan rayarlas. Y no las guardes en plástico hermético: el nácar necesita algo de humedad ambiental o se reseca y agrieta.

Úsalas. Curiosamente, el contacto con la piel les sienta bien. Un collar de perlas guardado veinte años en una caja envejece peor que uno que se lleva.

El hilo del collar

Algo que casi nadie tiene en cuenta: los collares de perlas van ensartados en un hilo de seda con un nudo entre perla y perla (para que, si se rompe, no se pierdan todas). Ese hilo se desgasta y estira con los años.

Si notas que tu collar se ha alargado, que las perlas bailan o que se ve el hilo grisáceo entre ellas, es momento de reensartarlo. Es un trabajo de joyería habitual y no muy caro, y evita el disgusto de que reviente en plena calle.

Te lo revisamos

En Roviralta Joiers, en la Plaça Cap de la Vila de Sitges, podemos revisar tus perlas, decirte si el hilo necesita cambio y gestionar el reensartado con nuestro taller de joyería de confianza. También arreglamos cierres y adaptamos collares heredados.

Si tienes un collar de perlas de la familia guardado en un cajón, tráelo: muchas veces con un reensartado y una limpieza vuelve a ser una joya perfectamente usable.

Puedes ver también nuestra colección de collares y colgantes.

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